La tecnología y la crisis de la innovación

Hay algo en el aire últimamente. No, no hablo de las ondas Wi-Fi ni del 5G que sigue prometiendo velocidades que nunca llegan del todo. Hablo de esa sensación de repetición, de que la tecnología actual vive en un eterno “más de lo mismo”. Las presentaciones de productos ya no emocionan, las novedades son reciclajes con nombres de marketing muy bien pensados, y lo que antes era revolución, ahora parece una simple actualización de software.

Durante años vivimos una época dorada de innovación con pantallas táctiles, asistentes virtuales, cámaras imposibles en el bolsillo, relojes que medían nuestra salud, etc. Pero ahora parece que todo va más lento. Los smartphones, por ejemplo, ya no nos sorprenden. Cada año cambian el procesador, mejoran un poco la cámara y nos hablan de inteligencia artificial como si fuera algo completamente nuevo, cuando en realidad ya llevamos años conviviendo con ella.

La tecnología se ha vuelto cómoda, casi conformista. Las marcas prefieren perfeccionar lo existente antes que arriesgarse a reinventar algo. Y tiene mucho sentido ya que innovar cuesta dinero, tiempo y, sobre todo, supone un riesgo. Pero ese miedo a fracasar nos está robando el factor wow. Antes esperábamos los eventos tecnológicos con ilusión; ahora los seguimos por costumbre, sabiendo que el titular del día siguiente será “mejor batería y nuevo color”.

La falta de innovación llega a cansar


Y no es solo cosa de los móviles. Los ordenadores, las tablets, los relojes inteligentes… todos parecen estar atrapados en un bucle de iteraciones. Incluso las grandes promesas, como la realidad virtual o la inteligencia artificial generativa, se sienten más como promesas eternas que como revoluciones concretas. Todo está en desarrollo, todo llegará pronto.

El mercado premia la estabilidad, no la disrupción. Y si no mirad las ventas de el iPhone Air… Apple saca por fin algo diferente, innovador, alucinante, y no vende lo esperado aún siendo el mejor… Aquí está la verdadera razón por la que la mayoría de las compañías no innovan. No les compensa gastar tanto para que luego no venda…

Eso sí, el futuro aún puede sorprendernos. Pero hasta que eso ocurra seguiremos en esta especie de pausa tecnológica disfrazada de progreso, donde la verdadera innovación parece haber cambiado de planeta o, al menos, de ritmo.

 Vivimos rodeados de dispositivos inteligentes, pero cada vez cuesta más encontrar uno realmente ingenioso. Y yo creo que no es por falta de talento de los empleados.

Recuerdas cuándo fue la última vez que una presentación tecnológica te hizo decir “wow”?

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