Vale, Apple. Lo reconozco. Me has vuelto a engañar. Y mira que este año me había prometido a mí misma que no. Que después de pasar de mi querido iPhone 16 Plus al iPhone 17 Pro iba a ser una mujer sensata. Una mujer madura capaz de mirar un nuevo iPhone y decir que realmente es muy bonito, pero que el mío todavía funciona…
Ja! Qué ingenua soy. Porque ahora llega el iPhone Duo, el primer iPhone plegable de la historia, y resulta que Apple no se ha limitado a doblar un teléfono. No. Apple ha decidido coger un iPhone, un iPad, una pizca de Mac, un Apple Pencil y probablemente media oficina de Cupertino y meterlo todo en un aparato que cuesta, en España, 2.339 euros de entrada. Y si te vienes arriba con el almacenamiento puedes plantarte en 3.839 euros.
Lo peor es que el iPhone Duo tiene argumentos. Y eso es lo verdaderamente peligroso para mi débil voluntad. Porque cerrado tienes una pantalla exterior de 5,4 pulgadas y cuando lo abres aparecen 7,6 pulgadas. Es decir, Apple ha conseguido solucionar uno de mis grandes problemas con el iPhone 17 Pro… y es que después de haber tenido un 16 Plus, ahora miro la pantalla y pienso que me han reducido la vida.
El Dúo se abre y ahí está. Una pantalla enorme. Este es el problema de Apple conmigo. No necesito que me convenzan. Necesito que me den cinco minutos.
Y entonces aparece Split View, que permite tener dos aplicaciones abiertas a la vez. Puedes estar con Safari en un lado y otra aplicación en el otro, incluso tener dos ventanas de Safari para comparar cosas.
Y aquí es donde mi iPad Pro M4 empieza a ponerse nervioso. Porque llevo años defendiendo que mi iPad es mi dispositivo favorito. Mi querido iPad Pro. Mi compañero de sofá. Mi pantalla perfecta.
Hasta que Apple decidió convertir iPadOS en una especie de primo lejano de macOS y consiguió que yo utilizara más el MacBook… pero ese es otro tema…
Apple, no empieces a hacer de las tuyas, que son muchos años y nos conocemos perfectamente…
Hay un momento en la evolución tecnológica en el que uno deja de preguntarse qué puede hacer un dispositivo y empieza a preguntarse qué demonios queda por hacer con él. Los de Cupertino no han fabricado un teléfono plegable. Han fabricado un pequeño compañero de piso de 2.339 euros.
Y también tenemos a Siri, a la nueva. Según Apple en poco tiempo va a estar disponible en español, con lo que seguramente esté en la UE, y puede entender el contexto personal, trabajar con lo que aparece en pantalla, buscar información en mensajes, correos o fotos y realizar acciones entre aplicaciones. He de reconocer que hay algo maravilloso en poder decirle a Siri que busque una cosa que recibí hace tres meses en un mensaje y que ella lo encuentre… Eso sí que es tecnología, porque yo ya no recuerdo ni qué desayuné esta mañana…
Y aquí viene mi problema para mi. Soy perfectamente capaz de decir que 2.339 euros por un móvil es una locura y, simultáneamente, estar pensando en qué color me quedaría mejor. Soy capaz de decir que Apple innova menos de lo que debería y después emocionarme porque han conseguido que un iPhone se abra como un libro. Soy capaz de echar de menos mi iPhone 16 Plus mientras llevo un 17 Pro en el bolsillo y, aun así, mirar el iPhone Duo y pensar que quizá este sí sea el iPhone que estaba esperando y eso que decía hace unos días que deseaba tener el próximo iPhone Air.
Esto no es una relación sana. Esto es dependencia emocional tecnológica. Apple me conoce demasiado bien. Sabe que me gustan las pantallas grandes (en cierto modo obligada por la edad). Sabe que me gusta mucho escribir y que uso el iPad. Apple sabe que vivo dentro del ecosistema y que es fundamental para mi, y ayer no paró de nombrarlo… Y ahora me pone delante un iPhone que intenta hacer todo lo anterior. Qué casualidad!
No sé si voy a comprar el iPhone Duo. De hecho, ahora mismo digo que no. Que aunque es un flechazo, no me compensa… Es una locura. Un disparate. Una barbaridad… Y mi riñón me sigue gustando.
Pero de aquí a un mes, se pone a la venta el 10 de octubre, tengo tiempo para pensarlo. Después de tantos años con Apple ya conozco perfectamente el proceso. Primero digo que no lo necesito. Después lo pruebo y descubro una función que me encanta. Luego empiezo a imaginar para qué podría utilizarlo y calculo cuánto me darían por mi iPhone actual. Y finalmente aparece mi tarjeta bancaria en una esquina de la habitación, temblando.
El iPhone Duo no necesita convencerme de que es el futuro. Solo necesita conseguir que yo piense que mi presente se ha quedado pequeño. Y viendo lo que acaba de presentar Apple… me temo que ya lo ha conseguido.







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