Cuando Internet se cae, el mundo va detrás

Hay un momento mágico y terrorífico a la vez en la vida moderna. Se produce cuando refrescas una página web, no carga, lo intentas otra vez, tampoco… y tu cerebro, ese que presume de ser racional, susurra: “Se habrá caído Internet?” Y de repente recuerdas que toda tu existencia (trabajo, ocio, domótica, pagos, hasta la cafetera inteligente) depende de un hilo digital del grosor de un cabello húmedo.

Las caídas de Internet son el equivalente tecnológico al apagón de un estadio en medio de la final de Champions, por ejemplo. Hay un enorme caos, un gran desconcierto y miles de personas mirando hacia arriba como si alguien fuese a reiniciar el router celestial.

La teoría dice que una caída de Internet disminuye la productividad. La práctica demuestra todo lo contrario. Pocos momentos son tan productivos como el instante en que no puedes procrastinar en redes sociales, no puedes revisar el correo y no puedes investigar algo rápido en Google que termina en un vídeo de gatos tocando el piano. De repente, ordenas la mesa, limpias la multitarea mental y descubres que sin Internet incluso piensas más claro. Un milagro.

Una caída importante de Internet también pone a prueba nuestra tolerancia al vacío informativo. Si no puedes acceder a tus aplicaciones, a tus noticias, a tus memes… puede ser que te hundas.

La mente moderna entra en modo abstinencia porque llevamos años dopándonos con notificaciones. Y cuando ese flujo desaparece, aflora un silencio que asusta.

La cara B que afecta seriamente a nuestro día

Por supuesto, no todo es risa y decluttering involuntario. Una caída seria de Internet paraliza logística, bancos, administraciones, hospitales, aeropuertos… Descubres que el mundo al que llamamos real, en realidad cuelga de una nube muy poco metafórica. Y que esa nube, si se cae, no avisa.

Ahí entendemos que Internet dejó de ser una herramienta hace mucho. Es infraestructura. Es electricidad digital. Y, como tal, cuando falla, no caen aplicaciones, cae el mundo.

Cada caída de Internet es un pequeño recordatorio de lo mucho que dependemos de la red. Yo creo que lo hacemos más de lo que nos gustaría admitir.

Quizá deberíamos usar estas caídas como avisos para diversificar, para tener planes B analógicos, para exigir infraestructuras más robustas… o simplemente para recordar que, de vez en cuando, desconectar no debería depender de una avería.

Mientras tanto, te aconsejo que la próxima vez que Internet  se caiga, que pase algo como lo del otro día o haya un apagón,… respires y disfrutes de la vida… Aprovecha. El mundo seguirá ahí cuando vuelva. Y tú también. Aunque se te haya olvidado cómo se vivía sin él.

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