Por fin es 9 de septiembre. Y mientras media humanidad está pensando en la vuelta al cole, de ayer, en el trabajo, en la hipoteca o en qué demonios va a hacer de cena esta noche, yo no paro de pensar en lo que Apple va a presentar esta tarde (a las 19.00 hora de España)
Parece mentira que ya estemos en septiembre otra vez. En mi mente el iPhone 17 acaba de salir al mercado… pero no. Hace 1 año…
Y yo, que llevo media vida viendo Keynotes de Apple, no quiero volver a caer, pero seguro que algo “necesitaré”. Porque una puede ser crítica, pero en septiembre se me olvida todo y soy la mayor fan girl que existe.
Quiero y necesito que Apple me vuelva a sorprender. No quiero otra Keynote técnicamente perfecta y emocionalmente más plana que una tortilla de supermercado. Me gustaría poder mirar la pantalla entusiasmada, como lo hacia antes… No quiero escuchar durante veinte minutos que el nuevo chip es un 18 % más rápido, un 23 % más eficiente y un 47 % más maravilloso que el anterior. Porque realmente ni soy Ingeniera, ni lo entiendo ni me gustan los números… A estas alturas, Apple, si me dices que el procesador es capaz de resolver la crisis energética mundial, probablemente te crea.
Lo que quiero es algo que note, que soy la persona que lleva el iPhone en el bolsillo todo el día. La que usa el Mac. La que usa el Apple Watch. La que tiene un iPad… Quiero novedades que me hagan la vida mejor. No que me permitan ganar una discusión en X sobre nanómetros.
Quiero mirar el iPhone 18 Pro y tener un problema y que realmente me guste y no lo vea como una simple evolución del que tengo ahora mismo. Y para que realmente tenga un problema, no me vale con ponerle una cámara ligeramente mejor y un color nuevo…
He pasado demasiados años escuchando que el actual es el mejor iPhone que Apple ha creado. Algo que me parece una afirmación tonta cada vez que la oigo…
Quiero rendimiento, en el iPhone 18 Pro, pero también quiero sentirlo. Y si puede ser, quiero un iPhone que no pese como si dentro llevara una colección completa de herramientas de bricolaje.
Y luego está el plegable. Aquí Apple me tiene. Lo reconozco. El dichoso iPhone plegable me interesa muchísimo, pero es el primero…
Después de años viendo cómo otras compañías doblaban teléfonos mientras Apple observaba desde Cupertino con esa tranquilidad tan suya de quien sabe que, tarde o temprano, todos acabaremos diciendo que lo inventó ella…
Quiero ver cómo se abre, ver cómo se cierra, si la bisagra va a aguantar. Quiero ver qué han hecho con la arruga, si va a afectar a la pantalla. Y sobretodo y especialmente, saber cuánto cuesta.
Aunque quizá sea mejor no saberlo… Porque si los rumores se acercan a esos precios que se están manejando, podemos dejar de llamarlo iPhone y empezar a llamarlo Riñón.
Apple lleva demasiado tiempo diciéndonos que la inteligencia artificial va a cambiarlo todo. Perfecto, pero quiero verla. Quiero ver de qué es capaz Siri fuera de la Unión Europea. No quiero ver una demo preparada en la que Siri responde perfectamente a una pregunta que probablemente lleva ensayando desde junio. Quiero que haga cosas. Que entienda lo que le digo. Que recuerde el contexto. Que pueda saltar entre aplicaciones, etc.
Porque si vuelvo a responderme con una búsqueda de Internet, voy a empezar a pensar que la inteligencia artificial más avanzada de Apple soy yo.
Y tampoco es que yo esté para hacer horas extras.
Me gustaría que Apple dejase de reinventar cosas que ya estaban inventadas y que por primera vez en años, innovase. Porque cuando llevas tantos años siguiendo Apple empiezas a detectar el humo.
Quiero cosas nuevas. Y batería…
No quiero sensores para medir mi nivel de estrés mientras el reloj se queda sin batería porque he tenido un día de estrés.
No necesito que el iPhone sepa exactamente dónde estoy si a las nueve de la noche está buscando un enchufe desesperadamente.
No necesito más funciones si para utilizarlas tengo que llevar una batería externa en el bolso.
Quiero autonomía. Una barbaridad de autonomía sin tener que comprarme un Pro Max.
Sabéis qué sería revolucionario? Que Apple presentara un iPhone cuya batería durase tres días. Eso sí sería un verdadero “One more thing.”
También quiero un Apple Watch que no me haga sentir culpable por no cerrar los anillos, no respirar y no lavarme las manos los segundos de rigor.
No me hacen falta más sensores en el reloj, pero sí me falta más batería… Eso es lo que pido. Yo no necesito un Apple Watch Ultra, pero sí su batería.
Y sí, seguramente acabaré queriendo algo de lo que presenten, y seguramente marque la hora, entre otras muchas cosas… Esta es la parte que más me fastidia. Escribo todo esto con mucha dignidad. Muy crítica. Y aparecerá algo precioso en pantalla y me lo compraré.
Porque Apple y yo tenemos una relación bastante particular. Yo la critico mucho, per ella me presenta un producto que se que no necesito, con una animación bonita, y acabo comprándolo… Y este año un Apple Watch toca… y en primavera el Air…
Eso es lo que espero realmente de la keynote es recuperar la magia. Que Apple me vuelva a engañanchar, a emocionarme. Quiero recuperar esa sensación de estar viendo algo y pensar que la tecnología acaba de dar un pequeño salto. Me gustaría que Apple me recuerde por qué sigo aquí después de tantos años, al igual que otros muchos qué sigo utilizando sus productos.







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