Personalmente, acabo de descubrir que hay una cosa que admiro profundamente de la Unión Europea, y es su capacidad para convertir algo que, en principio, parece bastante sencillo en un documento de cientos de páginas, varias comisiones, procedimientos, investigaciones, reuniones, especificaciones técnicas y, finalmente, una multa que hace que Apple tenga que sacar la calculadora.

La criatura en cuestión se llama Ley de Mercados Digitales, o DMA para los amigos de Bruselas. Y su objetivo, explicado sin necesidad de haber estudiado Derecho Comunitario, es evitar que las grandes plataformas tecnológicas utilicen su posición dominante para cerrar el mercado a los demás. Hasta aquí, estupendo. Porque nadie quiere que una empresa tenga las llaves, las ventanas, la puerta, el felpudo y además decida quién puede entrar en casa.

El problema aparece cuando esa empresa se llama Apple. La Unión Europea considera a Apple un gatekeeper, es decir, uno de esos guardianes de acceso que tienen tanto poder sobre determinadas plataformas que pueden condicionar qué pueden hacer empresas y usuarios dentro de ellas. Apple está sometida a la DMA por iOS, App Store, Safari y, desde 2024, también iPadOS. 

Según explicó la UE en su día, la DMA intenta que los grandes guardianes digitales no puedan utilizar su posición para favorecer permanentemente sus propios servicios frente a los de terceros. Por ejemplo, en el caso de las tiendas de aplicaciones, la normativa obliga a permitir determinadas formas de distribución alternativa, a que los desarrolladores puedan informar a los usuarios de ofertas externas y a que puedan utilizar mecanismos de pago distintos de los del propio gatekeeper. Traducido al idioma de cualquier persona que haya comprado un iPhone entienda, es que Europa quiere que el App Store deje de ser el único camino posible para hacer determinadas cosas.Y eso, para Apple, debe de ser algo parecido a pedirle a un pulpo que permita que otra empresa gestione uno de sus tentáculos.

La Comisión Europea sostiene que la DMA busca precisamente aumentar la competencia y reducir la dependencia de los desarrolladores respecto de las plataformas dominantes. El razonamiento europeo es bastante lógico, pero es que el razonamiento de Apple también lo es…

Apple lleva años construyendo un ecosistema extraordinariamente cerrado porque precisamente ese ecosistema es una de las razones por las que compramos un iPhone, un Apple Watch, unos AirPods, un iPad y terminamos pagando iCloud como quien paga una comunidad de vecinos. Todo funciona maravillosamente bien porque Apple controla una barbaridad de cosas. Y entonces llega Europa y le obliga a compartir un poco con los demás…

Realmente el problema está en que Apple no entiende la palabra «un poco”. Y esta es, para mí, la verdadera razón por la que la relación entre Apple y la DMA resulta tan divertida (Modo Ironía On). Apple ha construido su negocio sobre una filosofía bastante sencilla. Ellos piensan que si controlan el hardware, el software, los servicios y la distribución, pueden garantizar una experiencia coherente. Europa, en cambio, ha decidido que esa coherencia puede estar muy bien, pero que tampoco hace falta que Apple tenga la sartén, el mango y además el contrato de alquiler de la cocina. Por eso una de las grandes batallas está siendo la interoperabilidad.

La DMA establece que determinados elementos del sistema operativo deben poder ser utilizados de manera efectiva por terceros en condiciones que les permitan competir. En el caso de Apple, la Comisión ha tenido que concretar incluso cómo debe facilitar el acceso de terceros a determinadas funciones de iOS utilizadas por relojes, auriculares, televisores y otros dispositivos conectados.

Y aquí es donde entiendo perfectamente la frustración de Apple. Porque si llevas años diciendo que la integración entre iPhone, Apple Watch, AirPods y demás funciona tan bien porque tú controlas la experiencia de principio a fin, que llegue alguien y te diga que ahora tienes que facilitar que otros fabricantes accedan a esas mismas funciones, tiene que doler.

Pero la verdad es que también entiendo algo a Europa. Porque desde el punto de vista de un fabricante de un reloj inteligente, por ejemplo, competir contra Apple mientras Apple controla las funciones de iOS que necesita ese reloj es algo parecido a participar en una carrera en la que uno de los corredores ha construido la pista.

En abril de 2025, la Comisión Europea concluyó que Apple incumplía la obligación de permitir que los desarrolladores informasen libremente a los usuarios de ofertas alternativas fuera de la App Store. La Comisión impuso a Apple una multa de 500 millones de euros y ordenó eliminar las restricciones que consideró incompatibles con la DMA. 

Apple dice que las reglas europeas pueden perjudicar la seguridad, la privacidad y la experiencia de usuario que caracterizan al ecosistema. Europa responde que las restricciones de Apple no pueden utilizarse para impedir la competencia. Y mientras tanto, los usuarios europeos observamos el espectáculo desde la barrera. Porque, sinceramente, a mí como usuaria me interesa bastante menos quién gana la discusión jurídica que poder elegir. Aunque recuerdo a quién sea, que el 95% de los usuarios de Apple lo elegimos por su ecosistema cerrado…

La DMA no es una ley creada específicamente para Apple. Y conviene decirlo porque últimamente parece que cada vez que aparece una obligación nueva en Europa alguien pronuncia la frase de esto pasa porque Bruselas odia a Apple. No. La DMA también afecta a otras grandes plataformas. La propia Comisión ha tomado decisiones relacionadas con Meta, Google, Microsoft y otros gigantes tecnológicos. De hecho, hace apenas unos días el Tribunal General de la Unión Europea respaldó la decisión de la Comisión de no considerar a Edge, el navegador de Microsoft, un servicio que debiera quedar sujeto a las obligaciones de gatekeeper en ese caso concreto. Lo que demuestra que la Unión Europea no está aplicando la DMA exclusivamente a Apple.

Muchos nos hemos quejado de que La Nueva Siri, la inteligente y la que verdaderamente va a funcionar, no va a llegar aún a Europa… de momento… Y aquí tenemos otro ejemplo perfecto de cómo se puede montar una tormenta alrededor de la DMA… Cuando Apple retrasó determinadas funciones de Apple Intelligence y de Siri en Europa, hubo quien señaló inmediatamente a la legislación europea como culpable. La propia Comisión Europea ha aclarado que la DMA no prohíbe a Apple lanzar nuevos productos o servicios en Europa. La decisión de no desplegarlos corresponde a Apple; lo que exige la normativa es que, cuando corresponda, determinadas funcionalidades estén disponibles de forma interoperable y bajo las condiciones establecidas por la ley.  Es decir, cuando algo no llega a Europa podemos dejar de mirar automáticamente a Bruselas como si acabáramos de encontrar al culpable. A veces Apple decide no hacer algo. Siri llegará a la UE, pero posiblemente lo haga en la primavera de 2027.

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