Hay una cosa que me está empezando a tocar bastante las narices de la tecnología europea y es que cada vez que Apple presenta algo que de verdad me apetece comprar, o me parece revolucionario, aparece algún problema regulatorio dispuesto a recordarme que vivo en la Unión Europea. Porque una puede tener un iPhone, unos AirPods, un Apple Watch, un Mac y una peligrosa debilidad por las novedades de Cupertino, pero, al parecer, también necesita un máster en legislación comunitaria para disfrutar de la tecnología que paga con su dinero.

Lo último se llama Apple HomeView y es justo lo que llevábamos tiempo esperando quienes soñamos con tener una casa inteligente sin necesidad de convertir el salón en el centro de operaciones de la NASA.

El HomeView es una pantalla de siete pulgadas, integrada en el ecosistema de Apple, desde la que controlar los accesorios del hogar, consultar información personal, hacer videollamadas y utilizar la nueva Siri con inteligencia artificial. Creo que es el único dispositivo que promete convertir nuestra casa en algo más cómodo, más conectado y, sobre todo, menos dependiente de ir buscando el iPhone por los rincones. Pero Apple ha confirmado que HomeView no se venderá en la Unión Europea porque la nueva Siri no está disponible en iOS en esta región. No hay fecha de llegada, no hay alternativa europea anunciada y tampoco tenemos una explicación que convierta esta situación en algo menos frustrante.

Reconozco que hay días en los que me cuesta entender la relación de la Unión Europea con la tecnología. Entiendo la necesidad de regular, proteger la privacidad, evitar abusos y garantizar que las grandes empresas no hagan lo que les dé la gana. De verdad que sí. No me he caído de un árbol ni he perdido el sentido común por tener demasiados dispositivos con una manzana detrás. Pero creo que una cosa es poner límites razonables y otra es que, cada vez que aparece un conflicto entre una gran tecnológica y los reguladores, los consumidores terminemos mirando desde la barrera.

La historia de HomeView es bastante sencilla. Apple quiere lanzar un dispositivo cuya experiencia depende de Siri AI. Esa nueva Siri no está disponible en iOS dentro de la Unión Europea por las dificultades relacionadas con la Ley de Mercados Digitales, la famosa DMA. Apple asegura que las exigencias regulatorias plantean problemas para la privacidad y la seguridad, mientras que los reguladores persiguen que el ecosistema permita una competencia efectiva… 

Y, mientras discuten cómo interpretar las normas, yo me quedo sin dispositivo. Es maravilloso. Casi poético. La tecnología del futuro, bloqueada por el presente administrativo (Modo Ironía On). 

Protegerme está muy bien. Pero, por favor, que alguien me explique de qué tengo que protegerme exactamente cuando quiero controlar las luces de mi casa desde una pantalla de Apple. Según parece, Apple ha construido su nuevo centro doméstico alrededor de una versión más avanzada de su asistente, y eso a la UE no le parece correcto y nos prohíbe, hasta que encuentre una solución o crea que la ha encontrado, a Siri IA y todo lo que tenga algo de inteligencia y que venga de Apple… porque los de Cupertino ya dijeron en junio que las autoridades europeas no habían  aceptado sus propuestas para hacer compatible el asistente con la normativa. Ahora HomeView se suma a la lista de consecuencias…

Lo que me preocupa es que esto empiece a convertirse en una costumbre. Que compremos dispositivos cada vez más capaces, que las marcas nos vendan un futuro lleno de inteligencia artificial y que después descubramos que algunas de sus funciones dependen de nuestra ubicación geográfica.

La inteligencia artificial será muy inteligente, pero su distribución comercial parece necesitar todavía unas cuantas reuniones.

Lo que no entiendo es por qué no vende Apple el HomeView sin Siri AI, especialmente si en la compañía sabían que en Europa no iban a poder venderlo… Cuesta creer que la única opción imaginable sea que los europeos nos quedemos sin producto mientras el resto del mundo empieza a utilizarlo.

Lo que más me molesta de todo esto no es únicamente perderme un dispositivo. Es la sensación de que cada vez resulta más difícil disfrutar de la tecnología en igualdad de condiciones. Apple anuncia productos y funciones, muestra sus posibilidades y construye una narrativa en la que todo funciona de manera integrada. Después llega el momento de comprobar la disponibilidad y aparecen las diferencias entre mercados. Unas funciones para unos. Otras para otros. Un asistente inteligente aquí, otro que todavía no ha llegado allí. Un dispositivo que se vende en Estados Unidos, pero que no estará disponible en la Unión Europea…

No quiero que la Unión Europea deje de regular. Quiero que regule con sentido práctico, que mida las consecuencias de sus decisiones y que recuerde que detrás de las grandes plataformas hay millones de consumidores que no participan en las negociaciones… Tampoco quiero que Apple utilice la regulación como excusa para no hacer los deberes. Las grandes tecnológicas deben cumplir las normas y demostrar que sus servicios pueden convivir con una competencia real.

Pero entre exigir garantías y dejar a los usuarios sin productos debería existir un espacio para negociar soluciones. Y ese espacio es precisamente el que me gustaría ver.

A día de hoy, Apple no ha anunciado una fecha para el lanzamiento de HomeView en la Unión Europea. El dispositivo llegará a mercados como Estados Unidos y Reino Unido, con un precio de partida de 299 dólares en Estados Unidos, pero España se queda fuera de esta primera distribución.

No significa que Apple Home vaya a desaparecer de Europa. La aplicación Casa y los accesorios compatibles siguen funcionando. El problema es que el nuevo centro doméstico de Apple no se comercializará aquí mientras Siri AI siga sin estar disponible en iOS dentro de la UE.

Y, sinceramente, me parece una forma bastante triste de estrenar una nueva etapa para el hogar inteligente. Porque yo no quiero elegir entre tener una casa conectada y cumplir la normativa. Quiero ambas cosas. Quiero que Apple haga productos buenos, que otras empresas puedan competir, que mis datos estén protegidos y que los reguladores sean capaces de encontrar soluciones sin convertir cada lanzamiento en una negociación internacional.

Si la Unión Europea quiere proteger al consumidor tecnológico, quizá debería empezar por recordar que el consumidor también quiere comprar tecnología. Parece una obviedad. Pero últimamente, en este circo, las obviedades son las primeras que desaparecen.

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