Apple ha vuelto a hacer de las suyas. Dos productos nuevos, un montón de promesas de inteligencia artificial y unos colores preciosos para que se me olvide, durante cinco minutos, que todavía tengo dispositivos perfectamente funcionales en casa. Cupertino sabe dónde tocarme la fibra. Y la cartera.

El nuevo iPad Mini llega con pantalla OLED de 8,5 pulgadas, chip A20 Pro y un diseño más fino y ligero. Vamos, que Apple ha decidido mejorar precisamente ese pequeño dispositivo que ya me parecía peligrosamente atractivo. Porque una puede tener un iPad Pro, un MacBook y una vida más o menos organizada, pero basta con que Apple reduzca unos milímetros un producto para que empiece a cuestionarse todas sus decisiones vitales.

¿Lo necesito? No. ¿Me imagino escribiendo artículos con él, leyendo, consultando noticias y llevándolo a todas partes? Naturalmente. ¿Me veo justificando la compra diciendo que es una herramienta de trabajo? También. Te puedo escribir un artículo lleno de argumentos para comprar cualquier cosa que lleve una manzana, aunque luego termine utilizándola para mirar el correo y leer titulares mientras el dispositivo anterior acumula polvo con una dignidad admirable.

Y entonces aparece el nuevo iMac con M6… Siete colores, pantalla Retina 4,5K de 24 pulgadas, más potencia y más inteligencia artificial. Apple ha decidido que, si vamos a trabajar delante de un ordenador, al menos podamos hacerlo rodeadas de colores bonitos mientras la inteligencia artificial amenaza con hacer parte de nuestro trabajo.

El problema es que ese iMac es precioso. Y yo tengo una debilidad bastante poco profesional por los productos que quedan bien encima de una mesa.  Parecen diseñados para convencerme de que necesito renovar mi espacio de trabajo, cuando lo que realmente necesito es terminar los artículos pendientes y dejar de mirar novedades. Aunque si ves el azul…

Porque Apple, como digo siempre, no vende solo tecnología. Vende la posibilidad de convertir cada pequeño deseo en una necesidad perfectamente argumentada. Y las que llevamos años siguiendo sus lanzamientos conocemos demasiado bien el procedimiento.

Primero dices que no te hace falta. Después ves las fotografías. Luego lees las especificaciones. Finalmente, empiezas a calcular cuánto podrías sacar vendiendo el dispositivo anterior.

Apple presenta productos nuevos y yo intento mantener la compostura. El iPad Mini me tienta, el iMac me seduce y mi cuenta bancaria observa el espectáculo desde una esquina, preguntándose cuándo pienso madurar.

La respuesta es sencilla… creo que puede esperar sentada porque Apple no para de presentarme necesidades. Le diré que lo haga delante de un iMac de colores que todavía no he comprado, que seguramente la pantalla la vea mejor.

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