Algo maravilloso ocurre cuando llevas años escribiendo sobre Apple y es que la gente empieza a pensar que, además de periodista, eres una especie de sacerdotisa de Cupertino, una enciclopedia con piernas, un servicio técnico ambulante y, si hace falta, una ingeniera capaz de desmontar un iPhone con una horquilla y volver a montarlo antes de que se enfríe el café. Todo eso, por supuesto, sin cobrar la reparación, sin pedir cita previa y, a ser posible, mientras estás haciendo la cena…

Porque una escribe sobre Apple y, de repente, parece que ha firmado un contrato invisible por el que se compromete a resolver cualquier problema tecnológico que aparezca en un radio de veinte kilómetros. Da igual que sea un iPhone, un Mac, un Apple Watch o un dispositivo que ni siquiera sepas que existe. Si lleva una manzana, automáticamente se supone que tienes la obligación moral de conocer hasta el último tornillo, cada ajuste escondido en iOS y el motivo exacto por el que el móvil de alguien ha decidido que hoy no le apetece recibir notificaciones.

Y aquí es donde me gustaría aclarar una pequeña cuestión que parece generar cierta confusión. Soy periodista tecnológica, escribo sobre Apple y me interesa muchísimo el mundo de la compañía. Pero no soy técnica de Apple, no soy ingeniera de software y tampoco tengo una línea directa con Ternus para que me explique personalmente por qué a tu iPhone le ha dado por hacer cosas raras.

Lo sé. Es decepcionante. Después de tantos años hablando de productos de la manzana, resulta que sigo siendo una persona normal. Bueno, normal dentro de lo que cabe… pero eso no es lo que nos ocupa.

Y la verdad es que a veces me cansa el temita, porque hay quien parece convencido de que escribir sobre Apple implica poseer conocimientos sobrenaturales de tecnología que ni tengo ni quiero. Muchos acuden a mi porque su iPhone no carga, y yo tengo que saber qué le ocurre, o porque su Mac se queda bloqueado y yo debo encontrar la solución… Si Siri responde una barbaridad, probablemente también esperan que llame a Cupertino para pedir explicaciones y que me pasen con el departamento de milagros… A ver, te puedo aconsejar en la compra de un dispositivo, posiblemente sepa más que tú sobre iOS y pueda ayudarte a nivel básico, pero no soy ingeniera ni experta, soy periodista… Me encanta la tecnología, disfruto escribiendo sobre ella y llevo muchos años siguiendo a Apple. Pero una cosa es conocer un producto, analizar sus características, entender su funcionamiento y estudiar las novedades que presenta una compañía, y otra muy distinta es convertirse en el servicio técnico oficial de toda la familia, los amigos, los vecinos y los conocidos de conocidos.

No, escribir sobre tecnología no significa saber repararla toda. Del mismo modo que un periodista que escribe sobre automóviles no tiene por qué saber reconstruir un motor, ni quien escribe sobre gastronomía tiene que ser capaz de reparar un horno industrial… puede que ni sepa cocinar (raro, pero conozco casos). Aunque, viendo algunas expectativas, parece que a los periodistas tecnológicos se nos exige conocer el funcionamiento interno de todos los dispositivos electrónicos, diagnosticar averías por telepatía y resolver problemas sin tener delante el aparato.

Hay otra cuestión que me parece importante explicar, especialmente cuando hablamos de los artículos de noticias, trucos o aplicaciones que publico en Isazul Site o en cualquier otro medio. Cuando escribo sobre un tema, me informo, leo, investigo y contrasto la información antes de ponerme a escribir. No me siento delante del ordenador con la pretensión de que todo el conocimiento tecnológico del planeta haya decidido instalarse en mi cabeza por generación espontánea. Si voy a hablar de una función de iOS, me documento sobre ella. Si quiero escribir sobre un rumor, leo las informaciones disponibles, consulto las fuentes y distingo entre lo que se sabe, lo que se rumorea y lo que alguien se ha inventado porque necesitaba publicar algo antes del desayuno. Si voy a analizar una novedad de Apple, intento comprenderla, conocer sus posibilidades y explicar qué puede significar para quienes utilizamos sus productos… Porque, sorpresa, los periodistas también tenemos que estudiar los temas sobre los que escribimos. Parece una obviedad, pero quizá convenga recordarlo en una época en la que basta con publicar tres vídeos, leer dos titulares y escuchar un pódcast para que alguien se considere especialista internacional en cualquier cosa.

Yo no lo sé todo. Ni sobre Apple, ni sobre tecnología, ni sobre la vida, aunque esta última lleva años intentando examinarme sin que haya conseguido aprobar todas las asignaturas, y no me avergüenza reconocerlo. De hecho, desconfío bastante de quien asegura saberlo absolutamente todo. La tecnología cambia constantemente. Aparecen nuevas funciones, se modifican sistemas operativos, se descubren errores, se publican actualizaciones y surgen problemas que ayer no existían. Lo que hoy funciona de una manera puede cambiar mañana. Y lo que parece sencillo sobre el papel puede complicarse cuando entran en juego un dispositivo concreto, una configuración particular o una actualización que ha decidido hacer de las suyas.

Pretender que una periodista conozca de memoria cada posible incidencia de cada producto de Apple sería tan absurdo como exigirle a un médico que conociera de memoria todas las averías de todos los electrodomésticos.

Y quiero dejar otra cosa clara. Que no sea técnica no significa que no pueda analizar la tecnología, comprenderla o tener una opinión fundamentada sobre ella. No necesito reparar una placa base para valorar el diseño de un MacBook, ni saber programar iOS para cuestionar una decisión de Apple, ni desmontar un Apple Watch para preguntarme si sus novedades justifican su precio. Para eso están el análisis, la documentación, la experiencia como usuaria y, por supuesto, el criterio periodístico.

Llevo muchos años observando a Apple. He visto cómo una compañía consigue generar expectación por un producto antes de que exista, cómo transforma determinadas funciones en argumentos de venta y cómo sus usuarios podemos pasar de criticar una decisión a defenderla con una pasión que merecería un estudio sociológico. También he aprendido que la mejor forma de escribir sobre tecnología no consiste en fingir que una tiene todas las respuestas, sino en hacerse las preguntas adecuadas, buscar información fiable y explicar las cosas con claridad.

Eso es lo que intento hacer en El Blog de Isazul Site. Escribir sobre Apple desde mi experiencia, mi curiosidad, mis opiniones y mi particular mezcla de fascinación y espíritu crítico. A veces para hablar de una novedad, otras para analizar una decisión de la compañía y muchas para contar cómo vivimos la tecnología quienes la utilizamos todos los días. No pretendo impartir una clase de ingeniería ni presentar un examen de certificación de Apple al final de cada artículo. Pretendo informar, analizar, opinar y, si es posible, hacer que quien me lea disfrute del camino y se ría un poco. Y para eso no necesito fingir que soy una enciclopedia con conexión USB-C.

Así que, la próxima vez que alguien me pregunte si sé solucionar cualquier problema con su iPhone, quizá le conteste que soy periodista, no la Genius Bar… pero si quieres te pillo cita con ellos!!! Y si me preguntas cómo he conseguido escribir un artículo sobre una función de Apple que no conocía en profundidad, la respuesta es todavía más sencilla. He leído, me he informado, he investigado y he trabajado sobre el tema. Exactamente lo que se supone que debe hacer una periodista.

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