Las aplicaciones nativas del iPhone son como esos familiares que nadie te pregunta si quieres invitar a casa y aparecen, ocupan espacio, opinan sobre tu vida y, cuando intentas deshacerte de ellos, descubres que algunos siguen ahí.
Tengo un problema con Apple, bueno, tengo varios, pero hoy no vamos a hablar de los precios del iPhone, de la innovación que llega con cuentagotas, de Siri prometiendo convertirse en algo extraordinario desde hace demasiado tiempo ni de esa maravillosa costumbre de Cupertino de vendernos como revolución algo que Android lleva haciendo desde hace años.
Hoy voy a hablar de las aplicaciones nativas del iPhone… Sí, de esas pequeñas criaturas que aparecen en cuanto estrenas un teléfono de Apple y que, de alguna manera, terminan formando parte de tu vida.
Algunas las utilizo todos los días. Otras las abro una vez cada seis meses. Y hay unas cuantas que llevo años mirando en la pantalla de mi iPhone pensando exactamente para qué sirven…
Porque realmente Apple no te vende un iPhone solo… te vende una familia completa. Y, como ocurre con todas las familias, hay miembros que adoras, otros que soportas y alguno al que mandarías a vivir a otro barrio.
Fotos es el familiar que recuerda absolutamente todo. Sabe dónde estaba, qué hacía, con quién estaba y, sobre todo, cómo iba vestida hace diez años.
Porque una cosa es guardar mis fotografías y otra muy diferente es aparecer un martes por la mañana con los recuerdos de hace 8 años…
No, Apple. No quiero recordar ciertas cosas… Hay fotografías que no son recuerdos. Son pruebas que deberían permanecer bajo secreto de sumario.
Mi iPhone tiene más memoria que yo. Y, desgraciadamente, también tiene mejor memoria para mis errores.
Mail es ese familiar que siempre trae malas noticias y vive en permanente estado de emergencia.
Un correo. Dos. Veinte. Una factura. Una newsletter que nunca pedí. Una promoción. Un mensaje que debería contestar. Y otro que llevo ignorando desde hace una semana…
El numerito rojo encima del icono tiene una capacidad extraordinaria para generar ansiedad. Porque da igual que la mayoría sean basura. El iPhone solo sabe que tienes cosas pendientes…
Safari es mi trastero digital. Es ese primo al que le preguntas una cosa y acaba metiéndote en 27 páginas diferentes.
Calendario cree que tengo mi vida organizada. Es directamente un insulto a mi realidad. Porque lo miro y parece que soy una mujer perfectamente organizada… Pues va a ser que no… Lástima que la aplicación no pueda conseguir que yo cumpla todo lo que aparece ahí.
Puede decirme mil veces que tengo una reunión a las diez. Lo que no puede impedir es que a las nueve y cincuenta y cinco esté escribiendo un artículo mientras pienso si tenía algo que hacer…
Recordatorios me tiene tomada por una irresponsable… realmente no es una aplicación, es mi conciencia…
La tecnología ha conseguido que una aplicación me persiga por toda la casa para recordarme que compre leche.
Estamos viviendo el futuro.
Notas es mi cerebro externalizado. Si tuviera que salvar una aplicación nativa de Apple, seguramente sería esta, porque es exactamente lo que necesito en mi vida. Es un sitio donde escribir cualquier cosa antes de olvidarla… El problema es que dentro tengo una representación bastante precisa del caos que hay en mi cabeza…
Tengo ideas para artículos. Artículos terminados. Frases importantes para mi. Listas musicales. Compras online. Cosas que quiero investigar. Textos empezados. Textos terminados… Realmente un caos… que solo entiendo…
Salud ha pasado de ayudarme a vigilarme… Es una aplicación que me gusta, hasta que empieza a hablar y me cuenta los pasos o me “trackea”el sueño o mi actividad diaria…
No necesito una madre digital. Ya tengo suficiente con mi conciencia.
Fitness es muy parecida a la aplicación de Salud, pero con mala leche. Tiene unos anillos muy bonitos que pasan el día esperando a ser cerrados…
Mapas cree que me voy a perder, por eso existe y se lo agradezco… porque sin esa aplicación estaría perdida!!
Lo curioso es que cuanto más uso el iPhone, más información acumula sobre mis movimientos… Y aquí es donde una empieza a preguntarse si tiene un teléfono inteligente o un pequeño espía muy caro con pantalla OLED.
Tiempo siempre tiene algo que decir. Es ese familiar que comenta absolutamente todo. Lo odio. Porque suele tener razón.
Bolsa vive en mi iPhone por motivos que desconozco. Bolsa está ahí. Esperando. Mirándome.
Apple ha incluido una aplicación para seguir los mercados financieros en un teléfono que utilizo principalmente para trabajar, escuchar música, comunicarme y hacer fotografías.
Casa tiene más fe en mi futuro que yo. La verdad es que es una aplicación con una interfaz preciosa. Pero tiene un problema, y es que cree que algún día voy a convertir mi hogar en una nave espacial… aunque puede que lo haga para poder usarla! Quiere que todo esté conectado. El problema es que si se va la luz, la lías!
Atajos es el familiar friki que sabe hacer de todo. Es una aplicación fantástica. Puedes automatizar una barbaridad de cosas. Y precisamente por eso es peligrosísimo.
Empiezas pensando que vas a hacer una automatización para ahorrar tiempo en algo y tres horas después estás creando una automatización de 14 pasos.
Es completamente innecesario. Pero funciona. Es muy Apple.
Hay más aplicaciones nativas, como Apple Music, que para mi es como Notas (no puedo vivir sin ella), Invitaciones y alguna otra que solo he usado para probarlas y de las que no puedo hablar.
Ahora Apple quiere meter inteligencia artificial en toda la familia. Porque aparentemente no era suficiente con tener aplicaciones capaces de gestionar buena parte de mi vida. Y si algún día termina de llegar a todos los sitios donde Apple prometió que llegaría, probablemente acabará convirtiendo el iPhone en algo todavía más presente en nuestro día a día.
Mi iPhone es un familiar que no puedo echar de casa. Y quizá aquí está la parte que más me incomoda. Porque después de tantos años escribiendo sobre tecnología, probando dispositivos y criticando a Apple (con cariño, pero también con bastante mala leche) me he dado cuenta de que las aplicaciones nativas no son realmente el producto. Son la costumbre. Apple no necesita que me enamore de ellas. Le basta con que me acostumbre a usarlas y que mi trabajo esté repartido entre iPhone, iPad y Mac. Y cuando todo eso lleva años funcionando así, cambiar deja de ser una cuestión de preferencias.
Ahí está la verdadera jugada de Apple. No te ata al iPhone porque sea imposible vivir sin él. Te ata porque, después de años utilizándolo, tu vida digital ya está dentro. Y entonces ocurre algo bastante perverso y es que un día miras tu iPhone y descubres que llevas media vida organizándote alrededor de él. El teléfono que compraste para que te facilitara la vida ha terminado convirtiéndose en el lugar donde guardas, organizas, recuerdas, trabajas, consumes, fotografías, escuchas, compras, te orientas y hasta te regañan por no caminar suficiente.
Y todavía tengo que escuchar que el iPhone es simplemente un teléfono. No. Hace tiempo que dejó de serlo. Es una pequeña oficina, una agenda, un álbum familiar, un navegador, un entrenador, un secretario, un mapa, un buzón, un banco y un Pepito Grillo metidos en el bolsillo.
Y lo verdaderamente brillante es que Apple ha conseguido que todo eso me parezca normal, y cuando finalmente te das cuenta…







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