Hay una edad en la que dejas de intentar parecer moderna. En mi caso, esa edad coincidió, curiosamente, con el momento en el que empecé a volver a usar unos EarPods. Sí, esos auriculares con cable que muchos jóvenes miran como si fueran una reliquia encontrada junto a un disquete de ordenador. Esos mismos.
La verdad es que llevo mis AirPods 4 prácticamente pegados a las orejas y me sigue pareciendo casi magia eso de abrir la caja y que se conecten solos. Me encanta esa comodidad que Apple consigue vendernos como si hubiera inventado la felicidad.
Pero la experiencia también sirve para algo. Sobre todo porque a determinada edad empiezas a distinguir perfectamente entre lo que es espectacular y lo que simplemente funciona…
Tengo claro que una cosa es escuchar música mientras haces la compra y otra muy distinta es tener una entrevista importante, una reunión de trabajo o esa llamada crucial… Y ahí, amigas y amigos, saco los EarPods.
Mientras medio planeta presume de cancelación de ruido adaptativa, audio espacial, inteligencia artificial y no sé cuántos apellidos más, yo hago algo muchísimo más revolucionario… Solo conecto un cable.
Lo mejor es que funciona. Sin ceremonias. Sin actualizaciones. Sin comprobar el porcentaje de batería como quien consulta las constantes vitales de un paciente. Sin miedo a que uno de los auriculares decida lanzarse al vacío justo cuando estás diciendo la frase más importante de la conversación. Porque si algo he aprendido es que los dispositivos también tienen sentido del humor. Siempre fallan cuando menos deberían.
Los EarPods, en cambio, tienen la misma personalidad que esa amiga aburrida que nunca da conversación… pero que siempre aparece cuando la necesitas. No llaman la atención. No presumen. No tienen funciones inteligentes. Pero cumplen perfectamente.
El cable transmite una paz mental que solo entendemos los que ya hemos vivido suficientes dramas tecnológicos. Es como llevar una llave física de casa en lugar de confiar únicamente en una cerradura inteligente. Sabes que está ahí. Sabes que va a responder. Sabes que no necesita una actualización para hacer exactamente lo mismo que lleva haciendo quince años.
Mis AirPods 4 siguen siendo maravillosos. Los utilizo todos los días y no pienso renunciar a ellos. Pero cuando llega el momento de resolver algo realmente importante, vuelvo a los EarPods sin el menor complejo.
Será la edad. O será que una ya deja de perseguir lo último para empezar a valorar lo que nunca falla…








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