Los productos de Apple que nunca debieron desaparecer (y no hay quien me convenza de lo contrario)

Hay una cosa que Apple hace extraordinariamente bien. No hablo de fabricar teléfonos, relojes o portátiles. Hablo de convencernos de que lo nuevo siempre es mejor. Da igual que lleves cinco años encantada con un producto. Da igual que funcione perfectamente. Da igual que miles de personas sigan utilizándolo felices. Un buen día Apple deja de venderlo y, casi sin darte cuenta, acabas pensando que igual sí, que era hora de pasar página. Hasta que unos meses después abres un cajón, lo encuentras, lo vuelves a usar cinco minutos y piensas exactamente lo mismo que pensé yo. Pues resulta que esto era buenísimo.

Con Apple tengo una relación muy parecida a la de esas parejas que llevan media vida juntas. Hay días que me parece un genio y otros en los que me pregunto quién demonios toma ciertas decisiones en Cupertino. Porque una cosa es innovar y otra muy distinta es coger algo que funciona de maravilla, hacerlo desaparecer y decirnos con una sonrisa que el futuro pasa por otra parte. Lo curioso es que, muchas veces, ese futuro acaba pareciéndose sospechosamente al pasado unos años después.

El primer ejemplo que siempre me viene a la cabeza es el iPhone Mini. Yo sigo sin entender qué pasó ahí. Durante años escuché a gente decir que los móviles eran demasiado grandes, que echaban de menos los teléfonos que cabían en cualquier bolsillo y que no hacía falta utilizar las dos manos para responder un mensaje. Apple, por fin, lanzó el iPhone Mini y todos pensamos que aquello iba a ser un éxito. Pues no. Parece que la humanidad quería un móvil pequeño, pero no tanto como para comprarlo. Apple decidió que la culpa era del concepto y no del marketing, y enterró el mini para siempre. Ahora, cada vez que veo a alguien intentando sacar un Pro Max del bolsillo del pantalón, no puedo evitar acordarme de aquel teléfono diminuto que era una auténtica maravilla. A mi me enamoró pensar que Apple había sido capaz de meter tanta tecnología en algo tan pequeño!!! 

Otro de esos productos que sigo echando de menos es el MagSafe Duo. Sí, costaba un disparate. Eso no lo discute nadie. Pero era elegante, compacto, perfecto para viajar y resolvía un problema de una manera sencilla. Era de esos accesorios que utilizabas todos los días sin darte cuenta de lo cómodos que eran hasta que Apple decidió retirarlo. Supongo que alguien hizo una reunión en la que concluyeron que un cargador bonito, práctico y plegable no encajaba con la estrategia del momento. Porque en Apple las decisiones, a veces, parecen salir de un bingo.

Y luego estaban los AirPort. Los más jóvenes probablemente ni sepan que Apple fabricó routers, pero quienes los tuvimos sabemos que eran una especie de milagro tecnológico. Funcionaban. Así de simple. No había que desenchufarlos cada dos por tres, ni reiniciarlos mientras maldecías a la compañía telefónica, ni interpretar el significado de una luz naranja parpadeando como si fuera Código Morse. Los conectabas y se olvidaban de existir, que probablemente sea el mayor cumplido que puede recibir un router. Apple decidió abandonar ese negocio y desde entonces he tenido más conversaciones con routers que con algunos vecinos.

Reconozco que aquí voy a decir algo que probablemente haga que muchos quieran quitarme el carné de usuaria de Apple, pero yo prefería el Magic Mouse cuando llevaba pilas. Sí, pilas. Aquellas cosas cilíndricas que algunos jóvenes creen que solo sirven para los mandos de la televisión. Cuando se agotaban tardabas veinte segundos en cambiarlas y seguías trabajando. Ahora, cuando el Magic Mouse se queda sin batería, tienes que darle la vuelta como una tortuga boca arriba porque alguien pensó que poner el puerto de carga en la parte inferior era una idea brillante. Llevo años intentando entender ese diseño y todavía no lo consigo. Estoy convencida de que algún día aparecerá en los libros de historia del diseño industrial bajo el capítulo de decisiones difíciles de justificar. Ni Steve Jobs ni Jony Ive querían cables, pero…

El iPod Classic también ocupa un lugar especial en mi corazón. No porque fuera perfecto, sino porque representaba una época en la que la música era realmente tuya y porque fue mi primer producto de Apple. Comprabas un disco, lo copiabas y allí se quedaba para siempre. No dependías de una conexión, de una suscripción mensual ni de que una discográfica decidiera retirar un álbum del catálogo durante la noche. Hoy pagamos varias plataformas para tener acceso a millones de canciones que, en realidad, nunca son nuestras. Hemos cambiado la propiedad por el alquiler sin apenas protestar. Qué listos somos a veces.

También sigo echando de menos el iMac de 27 pulgadas. Me parecía uno de esos ordenadores que tenían sentido desde el primer minuto. Comprabas un equipo espectacular, con una pantalla magnífica, lo sacabas de la caja y ya estaba. Es parecido al iMac de colores, como yo le llamo, pero mucho mejor para mi gusto. Apple tendría que renovarlo con el chip M. Sería espectacular.

Y no puedo terminar sin hablar del iPod Shuffle. Seguramente sea el producto más sencillo que ha fabricado Apple y, precisamente por eso, uno de los más inteligentes. No tenía pantalla, ni redes sociales, ni correos del trabajo, ni mensajes de WhatsApp, ni vídeos que empezaban con un solo gesto y terminaban robándote cuarenta minutos de vida. Solo tenía música. Hoy pagamos aplicaciones para hacer desintoxicación digital cuando hace veinte años Apple ya había inventado un aparato que lo hacía de serie y encima cabía en el bolsillo pequeño de unos vaqueros.

Al final me doy cuenta de que quizá no eche tanto de menos esos productos como la filosofía que había detrás de ellos. Apple parecía obsesionada con hacer dispositivos sencillos, prácticos y casi invisibles. Ahora, en cambio, tengo la sensación de que muchas veces se obsesiona por demostrar que puede reinventarlo todo, incluso cuando no hace ninguna falta.

Y lo más divertido de esta historia es que conozco perfectamente el final. Dentro de unos años Apple recuperará alguna de estas ideas, le pondrá un nombre nuevo, nos contará que es la innovación más importante de la década y todos volveremos a aplaudir como si nunca hubiera existido antes. Yo también. Porque llevo demasiados años usando productos de Apple como para fingir que no sé cómo funciona esta relación. Ellos eliminan cosas maravillosas, yo protesto durante unos meses y, al final, vuelvo a hacer cola para comprar la siguiente. 

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