El dilema iPhone Pro vs Plus: Realmente necesitas un Pro?

Hay una edad en la que dejas de perseguir especificaciones técnicas y empiezas a perseguir cosas mucho más importantes. Dormir ocho horas. Que no te duela la espalda al levantarte. Y que la batería del móvil llegue al final del día sin tener que rezarle a un enchufe.

Yo ya he llegado a esa etapa… aunque me duela reconocerlo… Y, sin embargo, aquí estoy, escribiendo desde un iPhone 17 Pro mientras echo cada vez más de menos mi antiguo iPhone 16 Plus.

Sí, lo sé. Parece una herejía. Mucha gente me pregunta cómo puedo echar de menos un modelo inferior teniendo uno más caro, más potente y con más cámaras? Pues porque la realidad tiene la mala costumbre de desmontar el marketing.

Durante años nos han hecho creer que todos necesitamos un iPhone Pro. Que si el teleobjetivo, que si ProRAW, que si grabación cinematográfica, que si vídeo espacial… Todo suena espectacular. El problema es que luego miras tu carrete y descubres que el 95 % de las fotos son de tu familia, del desayuno, de una captura de pantalla y de ese cartel del supermercado para acordarte del precio del aceite.

No soy directora de cine. No trabajo para National Geographic. Y, sorprendentemente, tampoco necesito grabar un documental en 8K mientras te escribo .

Lo que sí necesito es una pantalla grande. Más que la del Pro. Porque cuando superas los 45 años empiezas a descubrir que el tamaño de la letra de iOS deja de ser una preferencia estética para convertirse en una necesidad médica no reconocida por Apple.

El iPhone 16 Plus tenía justo ese equilibrio perfecto. Una pantalla enorme donde leer era un auténtico placer. Escribir artículos durante horas resultaba cómodo. Ver series era una delicia. Incluso responder mensajes sin buscar las gafas era posible algunos días de la semana.

Y luego estaba la batería. Qué maravilla. Era uno de esos teléfonos que parecían alimentarse de optimismo. Lo cargabas por la mañana y por la noche todavía te miraba con un tranquilizador 48 %. Era imposible ponerlo en apuros.

Ahora tengo un iPhone 17 Pro. Es fantástico. Es rapidísimo. Tiene una cámara espectacular. Hace cosas que jamás utilizaré. Y, curiosamente, paso más tiempo pendiente del porcentaje de batería que con mi antiguo Plus.

Supongo que Apple sabe muy bien cómo convencernos de que necesitamos lo que realmente no necesitamos. Nos vende prestaciones profesionales para personas cuyo mayor reto audiovisual consiste en grabar a su hija haciendo algo mínimamente gracioso.

Quizá ha llegado el momento de reconocer que la inmensa mayoría de usuarios nunca aprovechará un iPhone Pro. Queremos buena batería. Queremos una pantalla grande. Queremos que el móvil dure años. Y queremos dejar de sentir que necesitamos justificar el dinero gastado haciendo fotos a la luna cada dos semanas. No necesitamos un Pro Max ni un iPhone Air (aunque es ideal). Necesitamos un iPhone Plus…

A veces pienso que el verdadero modelo “Pro” era el iPhone 16 Plus. Profesional en hacerte la vida más cómoda, no en convertirte en fotógrafo de bodas de un día para otro.

Puede que tuviera menos cámaras. Pero tenía mucho más sentido común. Y, sinceramente, cada día que pasa, lo echo un poco más de menos.

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