Hay algo ligeramente ridículo en que Apple lance oficialmente iOS 27 y yo lleve utilizándolo desde junio. Es como si alguien anunciara que por fin ha descubierto que existe el café mientras tú llevas toda la mañana con tres tazas encima de la mesa y un cuarto espresso en la mano.
Pero así funciona mi relación con Apple desde hace años. La compañía presenta algo, yo lo pruebo, lo analizo, lo critico, digo que algunas cosas son absurdas, otras me encantan y, al final, termino utilizándolo todo como si llevara toda la vida esperando exactamente eso… Luego llega septiembre y Apple aparece con su habitual sonrisa de no haber roto un plato y nos dice que iOS 27 ya está oficialmente disponible pero muchos intrépidos llevamos con la beta desde junio…
Para quien haya esperado pacientemente hasta hoy, enhorabuena. De verdad. Tiene mérito. Yo no tuve esa paciencia. En junio instalé la beta porque, aparentemente, después de tantos años utilizando tecnología todavía no he aprendido una de las reglas básicas de la vida: si algo funciona razonablemente bien, no lo toques. Pero claro, Apple anuncia una nueva versión de iOS y yo veo el botón para instalar la beta. Qué podía hacer? Ignorarlo? Por supuesto que no. Tengo cierta dignidad profesional, pero tampoco vamos a exagerar. Así que instalé iOS 27. Y entonces empezó el maravilloso viaje de descubrir qué funcionaba, qué no funcionaba, qué había cambiado y qué pequeña cosa que llevaba años haciendo de una determinada manera Apple había decidido mover de sitio porque, evidentemente, mi felicidad no era una prioridad. Porque hay algo que Apple hace especialmente bien. Cambiar una cosa de sitio y conseguir que tardes dos semanas en encontrarla.
Una de las grandes protagonistas de iOS 27 vuelve a ser Apple Intelligence. A estas alturas mi iPhone sabe analizar imágenes, comprender información, ayudarme a escribir, reconocer elementos y hacer un montón de cosas que hace unos años habrían parecido ciencia ficción.
El problema es que también empieza a conocerme demasiado. Y eso me preocupa. Porque una cosa es que mi iPhone sepa qué hora es. Otra muy distinta es que algún día llegue a la conclusión de que llevo demasiado tiempo mirando fundas de iPhone que no necesito. Ahí empezamos a tener problemas. Porque yo quiero que Apple Intelligence sea inteligente. Pero no demasiado… No necesito que mi teléfono conozca mis debilidades. Ya tengo bastante con conocerlas yo…
Y después está Siri, pero por ahora en España ni la ves ni la verás gracias a la Unión Europea… Aquí tengo sentimientos encontrados. Apple lleva tiempo prometiéndonos una Siri muchísimo más inteligente, más contextual y capaz de hacer cosas bastante más interesantes que responder a una pregunta y enviarnos a Google cuando no sabe qué demonios queremos.
Tengo muchas ganas de ver de lo que es capaz Siri IA. Aunque repito, que en España no va estar por ahora porque la Unión Europea no lo permite… aunque en octubre estará disponible en español, ya que por ahora sólo está disponible en inglés americano y en fase beta… Cuando la podamos usar, de forma “legal” y en español os lo contaré.
La inteligencia visual sí me parece realmente útil. Y aquí voy a darle a Apple lo que es de Apple. Me parece una de esas funciones que pueden terminar siendo realmente prácticas. El iPhone puede analizar lo que estás viendo, extraer información y ayudarte a realizar determinadas acciones.
Otra de las cosas que me gustan de iOS 27 es la evolución de las herramientas de edición de fotos y vídeos. Eliminar elementos, modificar imágenes, ampliar una fotografía… Todo estupendo casi siempre. Aquí Apple lo ha conseguido hacer muy bien.
Durante años nos dijeron que lo importante era tener una buena cámara. Ahora resulta que también es importante tener una inteligencia artificial que arregle lo que hicimos con ella.
Pero lo mejor de iOS 27 es que ya no me sorprende tanto… Después de tantos años siguiendo a Apple, llega un momento en el que las novedades me dejan de impresionar. Y creo que eso es muchísimo más peligroso para que cualquier crítica. Porque cuando llevas años utilizando tecnología, empiezas a distinguir entre una función realmente útil y una función que alguien ha convertido en protagonista de una presentación de 45 minutos porque había que rellenar tiempo.
Ya no me impresionan demasiado los porcentajes. Lo único que quiero saber es si la batería me va a llegar a la noche. Porque puedes explicarme durante diez minutos cómo funciona el nuevo procesador, pero si a las siete de la tarde tengo que buscar un enchufe, toda esa eficiencia energética me importa exactamente lo mismo que la física cuántica.
Millones de personas instalarán esta semana iOS 27. Algunos van a decir que hay cosas que son estupendas. Otros dirán que Apple no innova. Alguien publicará que iOS 27 es «la mayor actualización de la historia». Otros escribirán que es una decepción. Y alguien, inevitablemente, escribirá que Apple está acabada.
Yo, mientras tanto, miraré mi iPhone y recordaré que llevo desde junio haciendo exactamente esto y que he tenido varios meses para acostumbrarme y para descubrir funciones por accidente o preguntarme por qué Apple ha decidido hacer algo de determinada manera.
A pesar de todas mis bromas, hay algo que tengo que reconocer y es que iOS 27 me gusta… quizá eso sea lo más preocupante… porque puedo pasarme horas criticando a Apple, burlándome de sus decisiones señalando las cosas que no entiendo y preguntándome por qué demonios han hecho determinada función de esa manera. Pero luego utilizo el iPhone y funciona.
Apple lleva años haciéndome lo mismo. Me hace discutir con ella y después consigue que vuelva a sacar la tarjeta de crédito… Realmente es una relación tóxica con buenos acabados y con una interfaz muy bonita.
Pero seamos serios y digamos las cosas como son. Apple quiere que mi iPhone sea más inteligente, pero yo solo quiero que siga siendo útil. No necesito que mi iPhone me sustituya y que piense absolutamente todo por mí. Tampoco necesito que convierta cada fotografía en una obra de arte ni que analice cada decisión que tomo. Quiero que me ayude, que me facilite la vida, y haga cosas que realmente me ahorren tiempo.
Y, sobre todo, quiero que siga siendo ese dispositivo que saco del bolso cuando necesito hacer algo y simplemente funciona. Aunque Apple quiera convertirlo en una especie de mayordomo digital con inteligencia artificial… Y sinceramente, si Apple consigue que mi iPhone me organice la vida, me haga la compra, y todo eso, prometo no volver a criticar una sola actualización!







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