Hay cosas que deberían ser sencillas y, sin embargo, llevamos años complicándolas innecesariamente.
Una de ellas es compartir la contraseña de la WiFi cuando alguien viene a casa. Porque basta con que aparezca una visita para que empiece el pequeño drama tecnológico… buscar la contraseña, mirar debajo del router, descubrir que la pegatina está medio borrada, intentar recordar si la cambiamos hace tres años y terminar diciendo una combinación de letras, números y símbolos que parece más propia de una caja fuerte del Banco de España que de una conexión de fibra.
Afortunadamente, si tienes un iPhone, Apple ha pensado en esto. Y no hace falta ser ingeniera de la NASA ni tener 25 años para utilizarlo. Si tu iPhone está conectado a la red WiFi y la otra persona tiene un dispositivo Apple compatible, compartir la conexión es prácticamente automático. La otra persona selecciona tu red WiFi desde su iPhone y, si se cumplen las condiciones necesarias, en tu teléfono aparecerá una ventana preguntándote si quieres compartir la contraseña. Pulsas Compartir contraseña y listo. Sin dictados interminables, sin tener que enseñar la pegatina del router y, sobre todo, sin descubrir que llevas cinco años sin saber cuál es realmente la contraseña de tu propia casa.
Para que funcione, normalmente ambos dispositivos deben tener activados el WiFi y el Bluetooth, estar cerca y tener configurados correctamente los contactos y las cuentas de Apple. Es uno de esos pequeños detalles del ecosistema que funcionan bastante bien y que, curiosamente, muchas personas no utilizan porque nadie se ha molestado en explicárselos de una manera sencilla.
Y si la persona que viene a casa tiene Android, tampoco hay que declarar el estado de emergencia. Dependiendo del router, puedes utilizar un código QR de la red WiFi para que la otra persona lo escanee con la cámara de su teléfono. También puedes consultar la contraseña guardada en tu iPhone y compartirla manualmente. No es tan elegante como el sistema entre dispositivos Apple, pero funciona y evita ese momento maravilloso en el que terminas deletreando una contraseña de 18 caracteres mientras la otra persona intenta memorizarla como si estuviera preparando una oposición.
A mi edad, después de haber visto pasar suficientes tecnologías como para recordar cuando conectarse a Internet significaba escuchar a un módem hacer ruidos de ciencia ficción, estas pequeñas cosas me parecen mucho más importantes de lo que parecen. Porque no todo tiene que ser inteligencia artificial, realidad aumentada o un iPhone cada vez más caro. A veces la tecnología también consiste en conseguir que una visita se conecte a Internet sin que tengas que convertirte en administrativa de tu propio router.
Así que la próxima vez que alguien venga a casa y necesite WiFi, no busques la contraseña debajo del router. Si tiene iPhone, deja que tu iPhone haga su trabajo. Y si tiene Android, tira de código QR. Porque después de tantos años utilizando tecnología, creo que ya hemos sufrido bastante como para seguir dictando contraseñas WiFi carácter por carácter. Y si Apple puede evitarme eso, por una vez, se lo voy a agradecer sin presentar una queja formal.







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