Queda aproximadamente un mes para que Apple vuelva a hacer lo que hace todos los septiembres, es decir, subir a un escenario, poner música épica, enseñar un vídeo grabado en algún lugar del planeta donde jamás tendremos cobertura y convencernos de que, por fin, ha llegado el iPhone que cambiará nuestras vidas.

Pero este año, si hacemos caso a los rumores, habrá un pequeño detalle que está empañando la ilusión… Se lee que el nuevo iPhone será más caro… Se dice, se cuenta y se rumorea, que tanto el iPhone 18 Pro como el Pro Max podrían llegar con una subida considerable. Todavía no hay cifras oficiales, pero ya da igual. El daño psicológico está hecho. Hay gente que no espera la keynote para emocionarse; yo no espero la keynote para deprimirme.

Lo curioso es que Apple ha conseguido algo que parecía imposible. Ha conseguido que un teléfono de más de mil euros empiece a parecernos barato… comparado con el siguiente.

Hace unos años, pagar mil euros por un móvil era una locura. Hoy escuchamos que el próximo podría costar doscientos euros más y reaccionamos diciendo: “Bueno… habrá que ver qué trae”. Somos el equivalente tecnológico a esa persona que entra en un restaurante, ve un café a cinco euros y piensa: “Pues tampoco está tan mal”.

Lo mejor es que Apple ni siquiera necesita convencernos demasiado. Nos convencemos nosotros solos. Pasamos semanas viendo vídeos en YouTube donde alguien amplía una foto al 800 % para demostrar que el nuevo sensor captura mejor la textura de una hoja caída un martes con humedad del 63 %. Y asentimos con la cabeza como si eso fuera exactamente lo que necesitábamos para contestar los mensajes de WhatsApp. Mientras tanto, no queremos reconocer que nuestro móvil actual funciona perfectamente. Hace fotos. Tiene batería con una salud muy buena. Abre aplicaciones. Nos avisa cuando escribe alguien. Incluso sigue sobreviviendo a las veinte pestañas abiertas en Safari, que ya es un milagro tecnológico. Pero claro… no tiene el nuevo color exclusivo. Y todos sabemos que un color nuevo puede justificar cualquier desembolso. Porque gastar cientos de euros por un móvil igual que el anterior sería absurdo. Gastarlos por uno que sea Azul Nebulosa Cósmica Ultra Premium, ya es otra conversación.

Lo más divertido es que todavía falta un mes para la presentación y ya hay personas calculando cuánto les darán por su iPhone actual, cuántos meses pueden financiar el nuevo y si realmente necesitan comer todos los días. Yo incluida.

Porque una cosa es criticar la posible subida de precios y otra muy distinta es no estar el día de la presentación viendo el evento con una calculadora en una mano y la tarjeta de crédito escondida debajo de un cojín para que no me mire con esa mezcla de decepción y resignación que solo ella sabe poner.

Reconozcamos que Apple tiene un talento extraordinario para conseguir que cada septiembre nos sintamos víctimas… y cómplices al mismo tiempo.

Así que sí, si finalmente el iPhone 18 Pro cuesta bastante más, protestaré. Escribiré artículos. Haré bromas. Diré que esto ya se les ha ido de las manos. Pero seguramente luego abriré la aplicación del banco.

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